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Publicaciones .Blanco y Oro

VIAJE> Sofía, la eterna juventud

Texto: Carmen Bassy

Fotografía: Fototeca Enit-Turismo Italiano

SSurcada por estrechas calles, puentes y pasajes, la Serenísima conserva aún una atmósfera única, donde convergen siglos de poder, riqueza y esplendor. Bella y casi fantasmal, la ciudad parece flotar en un hermoso sueño.

28/10/2008

EI origen y la historia de esta bella ciudad se resumen en una caprichosa alian­za entre el hombre y la naturaleza, ya que si fueron las co­rrientes marinas y fluviales las que inicialmente crea­ran los cordones de arena que pro­tegen la Laguna de Venecia, ha sido la mano del hombre la que ha ido poniendo su broche definitivo para consolidar este esfuerzo y garanti­zar su cerramiento. Actualmente, esta singular superficie tan sólo se comunica con el mar por los puer­tos de Lido, Malamocco y Chioggia, provistos de malecones que evitan la entrada de nuevas arenas. Estos 50 kilómetros de litoral -sobre el cual se yergue, airosa, la Ciudad de los Canales-, acogen un ecosistema biológico variadísimo, en el cual se avistan cañaverales o islotes de her­mosa vegetación, al ritmo que mar­can las mareas vivas. Dependien­do de la época, las floraciones de las plantas marinas confieren a las aguas de la laguna sus colores ro­sados o violáceos.

Este enclave, del cual hay noti­cias desde el siglo I, fue codiciado desde sus orígenes por imperios y potencias. Romanos, bizantinos y turcos, entre otros, tuvieron que enfrentarse a un pueblo singular­mente habilidoso en sus negocia­ciones y con un especialísimo sen­tido de la autonomía. Coincidiendo con la llegada a la ciudad de los res­tos de San Marcos, en el año 828, el conjunto de islas constituyó su propio estado independiente y dio comienzo a una floreciente etapa comercial y de confirmación polí­tica, que le llevó a extender su in­fluencia por Oriente y Occidente. Del Dux al Gran Consejo, la estabi­lidad de las instituciones políticas venecianas permitió a la República Serenísima navegar durante siglos entre la neutralidad, la osadía, las anexiones y cesiones más oportu­nas, manteniendo así una prospe­ridad envidiada por todos, a la que dio fin el dominio austriaco.

Incorporada a Italia en 1866, actual­mente la ciudad se mantiene económi­camente apoyada en el sector terciario, y se enfrenta a serios problemas, como la contaminación o las mareas altas, que amenazan gravemente la conservación de su patrimonio.

Pintores, escritores y artistas de todo género han acudido a lo largo de la historia a Venecia en búsque­da de inspiración y reconocimiento, con particular fortuna. Todos ellos, sin embargo, se dejaron llevar por el misterio de sus canales y estrechas vías empedradas, en cuyas esquinas aguardan los más impresionantes te­soros arquitectónicos. Siguiendo sus pasos, partiendo del estilo veneto-bi­zantino de la basílica de Santa María y San Donato, o del neocIasicismo de Lé__Magdalena, los amantes del arte pueden detenerse también para ad­mirar el templo gótico de Santa Ma­ria Gloriosa del Frari, la renacentista Santa María del Miracoli o la barro­ca parroquia de los Derelitti. Muchas de estas iglesias -que llegaron a ser doscientas en la ciudad- mantienen aún en pie sus campaniles, un ele­mento característico de este singu­lar paisaje urbano.

Esplendor arquitectónico

Pe­ro lo que indudablemente confiere a Venecia un aire inimitable son sus palacios. Suntuosos y soberbios, estos edificios mantienen hoy vivo el esplendor de la Ciudad de los Cana­les. Cubiertas sus fachadas de bla­sones, revestimientos de oro, fres­cos, obeliscos, pilastras y todo tipo de elementos ornamentales y repre­sentativos de la alcurnia y poder de sus dueños, estas construcciones no servían únicamente como domicilio de sus ilustres dueños, sino que em­pleaban sus plantas bajas con fines comerciales.

La construcción de edificios en Ve­necia ha estado siempre condiciona­da por la necesidad de encontrar garantías en la cimentación, así como por el empleo de estructuras y ma­teriales flexibles, que pudieran so­portar los movimientos naturales del emplazamiento. Esta elasticidad ha evitado el hundimiento de muchas mansiones y casas, pero ha provo­cado también estiramientos inaudi­tos en muchas de ellas que son cada vez más acusados. La búsqueda de soluciones a las periódicas inunda­ciones que provocan las mareas al­tas en esta bella ciudad se hace, por lo tanto, cada vez más urgente, pa­ra evitar que la propia laguna engu­lla tantos siglos de historia.

En la actualidad, Venecia es una _ ciudad principalmente turística, donde cada visitante puede disfru­tar experiencias únicas y a su me­dida, mientras escuchan los recios avisos de los gondoleros. Sean ro­mánticos, artistas, amantes de la historia, melancólicos, o expertos en el do Ice {are niente, la Repúbli­ca Serenísima ofrece a cada uno de ellos un rincón inolvidable.

Dependiendo del perfil, el viajero podrá adentrarse en la ciudad em­pleando diversos medios de trans­porte, que definirán por sí mismos el carácter de su visita. Si no dispo­ne de mucho tiempo, lo mejor serátomar un taxi, ya que la veloz lan­cha a motor sorteará con sorpren­dente habilidad el ajetreo del Gran Canal, pero si puede adentrarse en la ciudad con algo más de calma, es preferible -y más económico- tomar el Vaporetto, el mejor modo de lle­gar a la Piazza San Marcos y la Pia­zza Roma, y desde el cual es posi­ble admirar con perspectiva los pa­lacios venecianos.

Dicho punto es sin duda uno de los más representativos de la ciudad y su historia, ya que en él pueden vi­sitarse el Palacio Ducal y la Basílica de San Marcos. Esta iglesia cristia­na, consagrada en 1094, fue cons­truida sobre un esquema puramente oriental, y fastuosamente decorada tanto en su fachada como en el inte­rior. El bronce que re cubre sus nu­merosas cúpulas, así como sus arte­sanales mosaicos con fondo de oro dejan constancia del particular gus­to veneciano por el arte bizantino, por el que sus artistas han seguido apostando muchos siglos después de deshacerse de su dominio.

Continuando el paseo, es preciso señalar que el Motoscafo, algo me­nor que el Vaporetto, también es una excelente formula para el transpor­te por la ciudad y su laguna, ya que permite además llegar a las islas de Murano, el Lido y Burano. En la pri­mera de ellas pueden visitarse varias fábricas de cristal veneciano, asistir a sus demostraciones y admirar sus creaciones, mientras que en la mul­ticolor isla de Burano aguarda el ri­co Museo del Encaje. Las artesanas han vuelto a instalarse en las puer­tas de sus casas en esta pequeñísi­ma población, y permanecen allí du­rante horas, ataviadas con sus pul­cros delantales mientras mueven hábilmente sus dedos y crean con sus agujas hermosos encajes.

Precisamente, los venecianos han demostrado a lo largo de la historia una especial capacidad para el desa­rrollo del arte en múltiples facetas, como máscaras, miniaturas de cristal, fundidos de bronce o mosaicos, entre otros. Todos estos trabajos tienen en Venecia un tinte propio que los hace fácilmente reconocibles. Hace pocas décadas renació también en este lu­gar el papel de aguas, una técnica de origen asiático con siglos de historia, cuyas infinitas posibilidades decora­tivas son un verdadero reto para los alquimistas venecianos del color.

En cualquier caso, el visitante de­be hacer realizar al menos alguno de sus paseos por la Ciudad de los Ca­nales sobre una góndola. Estas sin­gulares embarcaciones asimétricas, de 11 metros de largo y 1,5 de an­cho constituyen uno de los elemen­tos distintivos de la ciudad. Sus re­meras, que maniobran en pie des­de la proa, son fieles aún al estilo propio de la boga veneciana, y contribuyen, con sus cantos y roncos avisos, a mantener una atmósfera de misterio, romanticismo y drama entre los fantasmales palacios de la ciudad. Vestigio del pasado son ya, sin embargo, los numerosos sque­ros que abundaban en Venecia; tan sólo unos pocos, como el Squero di San Trovaso -el más antiguo de la ciudad-, subsisten hoy con la cons­trucción de poco más de cuatro gón­dolas al año. .  

El Carnaval Veneciano

Del 25 de enero al 5 de febrero de 2008, la Ciudad de los Canales vol­vió a celebrar su tradicional Carna­val. El Vuelo de la Colombina, en su descenso del Campanile de San Marcos hasta la plaza, señaló el co­mienzo de unas fiestas únicas en el mundo.

El carnaval veneciano, restableci­do en 198O, ha rescatado su colori­do y misterio de antaño, adornan­do con ellos los bailes y juegos que desde siglos atrás constituyen el al­ma de estas celebraciones. El carác­ter alegre y dramático de los vene­cianos, así como la singularidad de estas celebraciones, cuyos princi­pales protagonistas son las más ca­ras, capas y enormes sombreros os­curos, hacen además especialmen­te atractiva la visita a la ciudad en estos días.

Representaciones teatrales al aire libre en el Campo de Santa Marghe­rita y en Sant'Angelo, danzas, fies­tas en los palacios, desfiles, con­ciertos, mercadillos de máscaras y pantomimas se suceden sin freno hasta el último día, fecha en la que tiene lugar el impresionante desfi­le de góndolas con antorchas por el Gran Canal y la quema de la efigie del carnaval en la plaza de San Mar­cos. Con este broche, la fiesta que­da clausurada y se proclama el co­mienzo de la Cuaresma.

Para saber más

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Paseo de la Castellana, 149 28046 Madrid

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Fax: 91 5711579
E-mail: italiaturismo@retemail.es

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