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VIAJE> Sofía, la eterna juventud
Texto: Carmen Bassy
Fotografía: Age Fotosock
Situada a las faldas de la montaña Vitosha, pequeña, discreta y activa, la ciudad de Sofía -la tercera entre las más antiguas capitales europeas- lleva siglos haciendo gala del lema que luce en su escudo: «Sofía crece, pero no envejece».
10/03/2008
La historia de Sofía se remonta en los siglos, y aún perdura en cientos de sus edificios, que nos
hablan de invasiones, conquistas, imperios, monarquías y riquísimos y espectaculares legados; pero
su carácter no es decadente ni melancólico, sino despierto e innovador.
A este lugar, rodeado de alturas, fueron llegando pueblos y culturas desde el Neolítico, y
cada uno de ellos -como los bizantinos o eslavos-, dio nombre al asentamiento con plena autonomía;
Serdica, Triaditsa o Sredets son algunas de las denominaciones que se le otorgaron. Los romanos
fueron los artífices de las murallas de la ciudad en el siglo m, ya que este enclave gozaba de
singular importancia y constituía un importante cruce comercial en el camino que unía Yugoslavia y
Constantinopla, pero no fue hasta el siglo XIV cuando la ciudad adoptó su actual nombre, tomándolo
de la bizantina Iglesia de Santa Sofía, edificada casi diez siglos antes sobre las ruinas de otras
capillas aún más antiguas.
Cabe pensar que uno de los atractivos que han hecho de Sofía blanco de tanto interés a lo
largo de los siglos, además de los estratégicos y la riqueza de sus aguas termales, ha sido su
privilegiada situación, en la ladera de unas montañas que apenas distan un paseo de veinte minutos.
La montaña Vitosha, a la que es posible ascender en teleférico, es un paseo obligado para
habitantes y foráneos, ya que se trata del lugar de esparcimiento natural de la ciudad. Desde esta
cumbre, además de un espectacular tesoro de la Naturaleza, se puede admirar la ciudad y los grandes
pulmones verdes que dibujan sus planos en la distancia.
Una vez abajo, la capital de Bulgaria ofrece también interesantes rincones y monumentos para
conocer. En apenas hora y media, el caminante puede cruzar esta ciudad, hilvanando sus enormes
parques con la visita de edificios de las más diversas culturas y comprobando la razón por la que
Sofía es considerada un ejemplo de convivencia de religiones. En un radio de medio kilómetro
encontramos el llamado Triángulo de la Tolerancia, cuyos vértices corresponden a la sinagoga más
antigua de los Balcanes, de estilo hispano-maurita, la iglesia cristiana ortodoxa medieval de Santa
Petkala y la mezquita de la ciudad, conocida como Banya Bashi.
Estos ejemplos arquitectónicos se unen a otros muchos, como es la Catedral de Alexander
Nevski, considerado el mayor templo ortodoxo de los Balcanes y que se encuentra muy cerca de la
mencionada Basílica de Santa Sofía, la primera iglesia cristiana en esta zona de Europa, que
incluso fue utilizada como mezquita por los invasores turcos. Respecto a la de Alexander Nevski, es
oportuno señalar que posee una impresionante y valiosa colección de iconos, la mejor del país.
Si algo llama la atención del visitante en Sofía y llena de orgullo a sus habitantes es la
increíble variedad de estilos arquitectónicos y decorativos que es posible encontrar en la ciudad.
Desde la moscovita iglesia de San Nicolás, cuyas cinco cúpulas doradas han justificado su bautismo
como la «iglesia rusa», hasta el barroco ornamental que se observa en las esculturas de la fachada
principal del edifico del Rectorado de su Universidad, la más prestigiosa de Bulgaria. Además de la
de San Nicolás, en Sofía encontramos innumerables iglesias de gran belleza e interés, como la de
los Siete Santos, que guarda una reliquia de San Clemente de Ójrido.
Ya sea en cualquier medio de transporte o también a pie es posible realizar un interesante
paseo por Sofía. Partiendo del Parlamento podemos llegar a la Ciudad Universitaria y visitar la
Catedral de Alejandro Nevski y su Museo de iconos. A continuación podemos continuar por la Avenida
Ruski, para conocer la llamada Iglesia Rusa de San Nicolás y el Museo de Ciencias Naturales.
Aunque el medio de transporte más habitual en la ciudad de Sofía es la caminata, también
existen tranvías, autobuses y trolebuses, y próximamente comenzará a funcionar el metro. De hecho,
ésta es una ciudad especialmente peatonalizada, donde abundan los cafés y terrazas, y que aún puede
considerarse barata. El Vitosha Boulevard es la zona comercial por excelencia, pero también ofrece
un animado carácter por las noches, gracias a sus cafés, bares y restaurantes. Otras sugerencias
son la Graf Ignatiev Ulica y la Rakovski Ulica.
Desde el Hotel Sheraton, de estilo neoclásico estanilista, parte la calle peatonal Vitosha,
la más comercial de la ciudad y que conduce al Palacio Nacional de la Cultura (NDK). Este edificio
es el centro de congresos más grande en la península, y fue construido para celebrar los 13 si glos
de la creación del Estado búlgaro. Es el mejor ejemplo de la arquitectura moderna de Sofía, y
allíse organizan congresos, conferencias, exposiciones, además de ser el escenario para conciertos
de célebres músicos.
Las mejores tiendas se encuentran también en el Stamboliski Boulevard, así como en las
galerías del NDK. Otra visita más pintoresca puede ser la del mercado Rimskata Stena Market, donde
se venden verduras, frutas o flores frescas.
Desde que la ciudad se liberó del dominio turco, su aspecto y ritmo de vida se ha hecho más
europeo, pero sin perder por ello sus raíces. No en vano se asienta en una llanura que delimitan el
Vitosha, al Norte, y el Balkan, al Sur y aunque su fachada es la de una urbe moderna, los vestigios
del pasado son evidentes y notables. El paso de turcos y rusos es probablemente lo más palpable,
pero también abundan restos romanos e incluso del Neolítico.
Su vinculación al pasado, lejos de suponer una traba para su desarrollo, es en Sofía un eje
que le ha permitido crecer manteniendo su propia coherencia. Así, bajo el imponente Sheraton
encontramos restos de las murallas romanas de la ciudad, como también se sabido que cierto número
de iglesias son los cimientos del Museo Nacional de Historia, o que los antiguos Baños Romanos se
encuentran bajo los actuales Baños de Sofía.
Tesoros arquitectónicos
Precisamente a los pies del Vitosha y, por lo tanto, muy cerca de la ciudad, se encuentran
dos joyas monumentales del país. La primera de ellas es la iglesia de Boyana, edificada en el siglo
XII y que dista 8 kilómetros de la ciudad. Calificada como Patrimonio Cultural de la UNESCO,
alberga muestras de pintura medieval excepcionalmente conservadas y que tienen un gran valor, por
estar atribuidos al denominado Prerrenacimiento búlgaro. También cercano al Vitosha encontramos el
Monasterio de Dragalevtsi, donde es obligado admirar sus frescos del siglo xv.
Una vez en Sofía puede resultar difícil escapar a la tentación de dejarse llevar por sus
calles, a la búsqueda de los más variados tesoros arquitectónicos, pero lo cierto es que la ciudad
ofrece amplias posibilidades de ocio y una envidiable vida nocturna. Los amantes del esquítienen en
Aleko una excelente estación, abierta desde diciembre hasta la primavera, ya tan sólo 22 kilómetros
se encuentra Bankia, uno de los sanatorios de agua termal más importantes en el país, donde se
tratan enfermedades cardiovasculares y pulmonares.
La cerveza, más que un producto nacional
En Sofía, como en el resto de Bulgaria, la cerveza es, además de una costumbre muy ligada a
la diversión y el ocio, una cuestión de tradición. De hecho, la calidad de la cerveza búlgara se
encuentra entre los más altos están dares europeos, aún cuando su precio es dos veces más barato
que en la VE.
Por otra parte, su consumo sitúa a los búlgaros aliados de los italianos, franceses, suizos y
noruegos. La fidelidad al producto nacional no se ha visto afectada por la adhesión de Bulgaria a
la VE, donde las fronteras han caído, pero sin influir en el mercado de cerveza local, ya que sólo
1 % del consumo de cerveza en Bulgaria durante el 2006 fue de importación.
La cerveza favorita de los búlgaros es la Zagorka. Además de la cerveza, los búlgaros son
especialmente aficionados al vodka o aguardiente.
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La Catedral de alexander Nevski
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