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SALUD> Una dieta "especial para hombres"
Por Marisos Guisasola
Aunque los hombres son cada vez más conscientes de la importancia de la alimentación, en ocasiones resulta difícil convencerles para que sigan un régimen. Para conseguirlo, conviene hacerles entender que dieta sana no es sinónimo de platos aburridos y escasos y que puede tener consecuencias muy positivas
10/03/2008
Los hombres comen de forma diferente que las mujeres. Las encuestas revelan que tienen una
auténtica debilidad por los platos ricos en grasas (chuletas, embutidos, fritos o la tapita del bar
de la esquina están entre sus preferidos) y que la idea de hacer dieta les produce pavor. Hay
incluso abogados matrimonialistas que aseguran que regímenes prolongados y obligados de ensalada y
pescado cocido han llegado a provocar más de un divorcio. Mientras tanto, alrededor de un 20% de
los europeos adultos son ya obesos, lo que significa que tienen un riesgo aumentado de desarrollar
enfermedades asociadas al exceso de peso (cardiopatías, diabetes, hipertensión, varios tipos de
cáncer...) y de morir tempranamente. En cambio, una vez mentalizados, los hombres suelen ser mucho
más fieles a la dieta que las mujeres, sobre todo cuando comprenden que una alimentación sana puede
también ser apetecible y divertida. Estos son los «trucos» para conseguirlo.
Una manzana para evitar ictus «Los hombres y mujeres que toman una manzana al día tienen
menor riesgo de ictus cerebrales que los que nunca toman manzanas», revela un estudio publicado en
el Diario Europeo de Nutrición. Los expertos creen que el efecto puede deberse a los ácidos
fenólicos presentes en esas frutas. Los ácidos fenólicos son un tipo específico de antioxidantes
que anulan el efecto de los radicales libres, asociados al deterioro celular y el envejecimiento.
1. Inicia la comida con una ensalada verde o un caldo.
La ensalada llena mucho, es rica en ácido fólico (la «vitamina superstar», que previene los
ataques cerebrales y el infarto, reduce el riesgo de Alzheimer y de cáncer de colon...) y tiene
fibra. Un estudio revela que los hombres que empiezan la comida con un caldo o sopa controlan mejor
su peso que los que pasan directamente al tenedor.
2. Aficiónate a las legumbres.
Cocidas, con mucha verdura picada (ajo, cebolla, puerro, zanahoria, tomate, pimiento, aceite
de oliva) son deliciosas (las que se venden simplemente cocidas, en frasco de cristal, quedan muy
ricas añadiéndoles agua y un refrito de cebolla, ajo, tomate, pimiento y un trocito pequeño de
chorizo). Con una ensalada mixta, hacen una comida excelente.
3. No conviertas la carne en protagonista.
La tendencia actual es tomar un buen plato de legumbres, arroz, patata, pasta, verdura... con
tropiezos de carne (de pollo, ternera, pavo, conejo, caza...). Las estadísticas revelan que los
españoles toman demasiadas proteínas... y el exceso de proteínas se almacena en forma de grasa.
4. Hazte amigo del pescado.
Preparado a la plancha o al horno, cualquier pescado engorda menos que la carne. Además, la
grasa del pescado es rica en los maravillosos ácidos graso s Omega-3, que protegen el corazón y el
cerebro y ayudan a conservar la memoria y otras capacidades intelectuales.
5. Desayuna siempre.
Las personas que no desayunan (y los hombres lo hacen menos que las mujeres) comen más a lo
largo del día. Una sugerencia, fácil de preparar: un bol de cereales con fruta picada y yogur... La
fibra, vitaminas y minerales que contiene te ayudarán a reponer energía tras el ayuno nocturno.
Además, el desayuno es la comida del día que menos engorda (quemamos más eficazmente las calorías
por la mañana).
6. Compagina los platos pesados con los ligeros.
Si a pesar de todo, eliges una chuleta, compensa sus grasas con una guarnición «light»: por
ejemplo, un tomate o patata al horno; o bien una ración de ensalada mixta o de menestra de verdura.
Y, por supuesto, olvídate del pastel y toma fruta y un té (es cardiosaludable y ayuda a quemar
grasas) como postre.
7. Pásate a los lácteos descremados o semidescremados.
Reducirás el consumo de grasas saturadas y te asegurarás tu ración de calcio diaria. Recuerda
que los supermercados están llenos de exquisiteces descremadas: yogures, flanes, quesos...
8. Si no te resistes a los embutidos, opta por lo mejor.
Compra 50 gramos de jamón ibérico en lugar de 100 gramos de mortalela o de jamón corriente.
Las grasas de un cerdo criado al aire libre con bellotas son más sanas que las de un animal
alimentado con piensos.
9. Prefiere siempre el pan, pasta, pan y cereales integrales
(carbohidrato s de asimilación lenta) a las harinas blancas y azúcares.
Los primeros no sólo suministran energía, fibra, vitaminas y minerales, sino que mejoran los
resultados deportivos en ejercicios de resistencia. Por el contrario, los carbohidratos simples
(dulces, azúcar, bebidas azucaradas) empeoran los resultados porque, tras el «pico» de azúcar
inicial, provocan hipoglucemia (además, predisponen a la resistencia a la insulina y, finalmente, a
la diabetes).
10. Oblígate a tomar fruta.
Si la fruta no es lo tuyo, tómala en forma de zumo, en compota, seca (en forma de orejones,
ciruelas secas, pasas...), en macedonia, con yogur... No pasa día sin que algún nuevo estudio no
«descubra» que alguna fruta más reduce el riesgo de alguna enfermedad.
11. Elimina grasas saturadas.
Por ejemplo, evitando untar la mantequilla del restaurante (puedes añadir hasta 300 calorías
a la comida) o cambiando las salsas por guarniciones de vegetales y los fritos por los asados...
Reducirás calorías, peso y prolongarás tu esperanza de vida.
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Marisol Guisasola
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