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PATRIMONIO> Alhambra, la maravilla de los sentidos

Texto: Sebastián Taberna

Fotografía: New 7 Worders

Además de la belleza material de sus interiores, la ciudad palatina esconde entre sus muros la presencia de un elemento intangible a primera vista: el sonido, que se hermana con el agua para evocar una sensación de paz a todo aquel que la visita. Por eso, y por mucho más, la Alhambra ha estado a punto de ser una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno

10/03/2008

Dicen los locales de Granada que la principal motivación de los árabes para conquistar la península ibérica en el año 711 no fue ni la expansión del Islam ni la Guerra Santa, sino algo mucho más prosaico: la búsqueda de agua -simple y llanamente-. Fue el reflejo del sol sobre la jugosa nieve del Mulhacén (el pico más alto de la Península Ibérica) el que atrajo la atención de los árabes de Tánger. El agua inundó por completo los pensamientos de la población árabe y desde entonces no se pudo hacer otra cosa. Y tal y como está valorado el H20 en un pueblo del desierto (algo así como el oro para los Reyes Católicos, o el petróleo para EEUU), a por ello fueron. Es gracioso pensarlo así: no fue más que una multitud de gargantas secas lo que provocó la vilipendiada invasión árabe.

Cinco siglos más tarde, entraria triunfador en Granada Ben-AI-Hamar, que construyó el primer núcleo de la Alhambra, una medina -o ciudad amurallada real- que ocupa la mayor parte del cerro de La Sabika, desde donde se puede ver la ciudad de Granada deslizándose hacia el sur (¿en busca del mar, quizás?).

Situada sobre una colina rocosa de difícil acceso, en los márgenes del río Darro, la Alhambra fue palacio, ciudadela, fortaleza y residencia de los sultanes nazaríes del Reino de Granada entre los siglos XIII y XIV, Y como tal, podía funcionar con autonomía respecto del resto de la ciudad. En ella se encontraban todos los servicios propios y necesarios para la privilegiada población que vivía allí: mezquitas, escuelas, talleres, etc. En esencia, se trata del monumento árabe más importante de Europa. Todo ello, además, rodeado de un espectacular entorno de zonas boscosas, jardines y huertas que aunque hacían de muro de contención, están empapadas del gusto estético árabe.


Uno de los grandes tesoros de la Alhambra, que aún hoy día sigue sorprendiendo, es el agua, sujeto de veneración a la vez que elemento práctico. Insistimos en que los árabes tenían de todo menos el preciado líquido, de ahí el valor casi sagrado que le daban. Brotando siempre del impresionante Patio de los Leones, desde donde se distribuye a todas las salas importantes, el agua es un elemento más del entramado arquitectónico de la Alhambra, siempre presente en el complejo granadino. No es raro ver canales de agua fresca compartiendo espacio con las filigranas e inscripciones cúficas, típicas del horror vacui del arte árabe. Su presencia no es sólo visual, sino también atmosférica, aportando una temperatura agradable para el visitante, seguramente acalorado por el fuerte sol andaluz.

La Alhambra es la culminación del Arte Andalusí, que sigue asombrándonos hoy día. Ya no sólo por la belleza material de sus interiores –no en vano, los Reyes Católicos (rabiosos enemigos de los árabes) decidieron conservar la gran maravilla que se escondía tras las rojizas paredes de la medina- sino por la presencia de un elemento intangible a primera vista: el sonido, que se hermana con el agua para evocar una sensación de paz a todo aquél que visita la Alhambra.

Cabe recordar que el sonido es de un valor enorme en todo lo que rodea al mundo árabe. Está presente en todo: la religión, el muecín llamando al rezo desde el minarete; la vida diaria, el gusto por la música callejera; incluso la economía, sólo hay que pasar por un mercado árabe para darse cuenta de la importancia que adquiere el sonido. Y no podemos olvidamos de un dato, todo esto lo hemos heredado los españoles. No en vano, somos el pueblo más ruidoso de Europa (con permiso de los italianos, tal vez).

Agua y arquitectura

Una visita a las distintas dependencias del palacio es la mejor manera descubrir el hermanamiento entre agua, sonido/ música y arte. El agua está en todas partes: desde el Mexuar, pasando por la Sala de la Barca, el Salón de Comares, la Sala de los Abencerrajes, la Sala de los Reyes, la sala de las Dos Hermanas... La Sala de Mocárabes, cuyas paredes azulejadas propician un ambiente acústico interesante, es un sitio ideal para comprobar lo inteligentes y talentosos que eran los arquitectos de la época. Sólo es posible salir de la sala con una profunda sensación de respeto hacia el trabajo, magníficamente conservado hasta la fecha.

La Torre de la Vela es otro buen ejemplo. La campana es la gran protagonista. Antiguamente, su toque servía como reloj nocturno a los agricultores de la Vega para regar sus campos. Comenzaba a sonar de 8 a 9:30 de la noche, y seguía sonando a distintos intervalos y con distintos toques hasta las 3 o las 4 de la mañana, según la estación del año. Esta campana también ha servido para llamar a los granadinos en caso de peligro.

La gran genialidad de la Alhambra es el aprovechamiento del agua, no sólo como recurso vital (apaga la sed, nos provee de comida, nos limpia...) sino como elemento estético. Presente en todo el palacio, el agua hace de marco (Patio de los Leones), hace de espejo (Torre Bermeja) e incluso de cortina acústica (Sala de las Dos Hermanas). El uso del agua como componente arquitectónico de peso fue algo inaudito (y nunca mejor dicho) para la época, e incluso hoy día es «fuente» de inspiración para los arquitectos más académicos. Frank Lloyd Wright siempre fue muy vocal a la hora de proclamar su veneración por la arquitectura árabe y por el uso que hacían en el siglo XV del agua no sólo como motivo estético, sino también como elemento de relajo e inspiración, ya que acoge al visitante, invita a parar y a escuchar.

Yes que más allá de crear un ambiente agradable, el agua, al igual que las inscripciones cúficas, o las milimetradas decoraciones árabes, crea filigranas acústicas, integrando el sonido como un motivo más de entre la impresionante paleta de recursosI estéticos granadinos. Y es ese sonido lo que aún hoy día fascina y asombra al visitante moderno, quien, rodeado por las inevitables hordas de turistas -armados con estilosa riñonera y sandalia- tendrá que agudizar el oído para discernir el rico repique del agua. Hoy siguen existiendo «motivos decorativos acústicos», materializados en los catálogos de insolentes sintonías de móvil. Machacado el oído con tanto pitido invasor, es lógico que el dulce tono acuático agrade al visitante.

Por suerte, existe un gran número de músicos que han sido inspirados por este sistema único de integración acuosa-acústica de la AIhambra. Es por ello que la imponente ciudad palatina y sus pacíficos sonidos, hayan atraído siempre al «gremio» de los músicos. Ya en el siglo XIX. el gran Isaac Albéniz, eterno amante de los granadino, compuso Torre Bermeja, una brillante evocación de la torre de la Alhambra, cuyo repique de notas en «cascada»recuerda, y mucho, el caer de las gotas. Sólo hace falta escuchar esta pieza para respirar lo evocativo de su música. Tampoco nos podemos olvidar de la pieza clásica Granada, sin la cual ningún guitarrista clásico se puede considerar como tal. Sobra mencionar que la Alhambra tuvo mucho que ver con la composición de este «hit/obra maestra».

También el afamado guitarrista Narciso Yepes, en colaboración con el Instituto Cervantes, publicó un disco con el nombre de la ciudad. Evocando la piedra, el agua y el sol -invitado de lujo de la Alhambrasu música es el compañero de viaje ideal para cualquier enamorado del buen gusto.

Para mirar y escuchar

Y todavía hoy en el siglo XXI, la Alhambra sigue enriqueciendo el repertorio musical nacional. Enrique Morente, quien se inspiró en la Alhambra para grabar un disco junto al guitarrista flamenco Tomatito, el guitarrista de jazz Pat Metheny y la mítica cantante alemana Ote Lemper, dedicó un disco entero a la medina, Sueña la Alhambra. En uno de los temas del disco «La Alhambra lloraba», se incluye el siguiente verso: «los mimbres del río iban con Bernarda / La Alhambra lloraba cantando Fernanda» en clara alusión al agua. Inicialmente concebido como la banda sonora de un documental sobre la AIhambra, Morente se fue dando cuenta de la fuerza de su música, compuesta en torno a la imponente figura de la medina. Sólo tuvo que pensar en lo que componía para darse cuenta de que lo que estaba haciendo era mantener una íntima relación armoniosa con el palacio, convirtiendo su banda sonora en un disco completo en sí mismo. Indispensable en una discoteca completa, Enrique Morente habla de su disco como de algo que sólo pudo producirse en Granada. Por algo será.

A la pregunta de cómo se hace la música árabe, Ornar Metiou, director de una las últimas cofradías del culto sufí, señala el artesonado del techo de la Alhambra: un complejo ensortijado de arabescos que se extienden por los cuatro costados, y dice enigmático: «Ahí lo tienes». Es algo inexplicable, inasible al que sólo conozca la Alhambra a través de este artículo. Es por ello que recomendamos una visita a Granada con los ojos y los oídos bien abiertos. Mira y escucha.

Las nuevas maravillas ¿arte o deporte?

No pudo ser. El 07-07-2007 la AI­hambra no fue elegida entre las siete nuevas maravillas del mun­do moderno. Fue, como se nos ha repetido una y otra vez, la pri­mera votación mundial de toda la historia. La cifra que nos han da­do de los que por ordenador y te­léfono móvil han votado es tan re­donda como sospechosa: 100 mi­llones de votos. Hoy podemos decir que esta votación ha sido la cró­nica de una farsa anunciada, y di­gan lo que digan los números o el inventor de este invento, el inge­nioso y pudiente empresario Ber­nard Weber, la Alhambra es por de­recho propio una de las maravillas del mundo. El sentido común así nos lo demuestra.

Weber recuperó una idea que lle­vaba 2.200 años dormida: igualar deporte y arte. Si a partir de aho­ra nos preguntan: «¿Quién ha gana­do?», no querrán saber quién ha si­do el vencedor del Tour de Francia, no, sino qué monumento, obra de arte o canción ha ganado unas hi­potéticas olimpiadas de arte y cul­tura -tiempo al tiempo-, y les con­testaremos que la medalla de oro ha sido para El Quijote, la de pla­ta para la Tour Eiffel y la de bronce para el Réquiem de Mozart. ¿No es un poco absurdo todo esto? Hay co­sas que no se pueden medir y hay sentimientos y emociones que no podemos escribir en un margen de la lista de la compra.

A modo de crónica deportiva decir que los elegidos para el olimpo tu­rístico fueron: La Gran Muralla Chi­na, la antigua ciudad de Petra, el Cristo Redentor, Machu Picchu, las Pirámides de Chichén Itzá, el Coli­seo de Roma, y el Taj Mahal.

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