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GASTRONOMÍA> Córdoba, una herencia milenaria
Texto: María Zarzalejos
Fotografía: Miguel Sayago
Decir Córdoba es decir campos de olivo, aceitunas, almazaras y excelentes aceites de oliva virgen extra. Pero más, mucho más, es Córdoba gastronómicamente hablando.
10/03/2008
Córdoba tiene a gala ser la cuna del gazpacho. Sí, así como suena. Datos precisos no los hay, pero
nadie lo discute. Aquí surgió el gazpacho medieval, que es blanco, (el rojo no llegaría hasta
siglos después con la presencia del tomate) y a la mezcla original de miga de pan, ajo, aceite, sal
y vinagre le añadieron los cordobeses, por influencia árabe, almendras que proporcionaba un rico
sabor y en menor cantidad y ocasiones, piñones. Si se tercia se le añaden a este gazpacho padre
unas cortezas de pan. Cuando se agregan piñones en lugar de almendras también se le añaden unos
huevos.
Con el descubrimiento de América llegaron a España los tomates y los pimientos, que tardaron
mucho en ser aceptados como alimento humano. Fue entonces cuando el gazpacho cordobés se volvió
rojo. El pimiento en un principio no se añadió a esta emblemática sopa fría, aunque sí se utilizó
en otros gazpachos cordobeses. Es ya una tradición acompañar el gazpacho cordobés con la guarnición
que, a decir de los expertos gazpacheros, es clásica de Sevilla: trocitos de pimiento, pepino,
tomate y pan.
El salmorejo (miga de pan y tomate pelado y bien majada junto con ajo, aceite, vinagre y sal)
es una mezcla muy espesa en la que el tomate aporta sabor y color a este plato también de origen
cordobés. Además se le puede poner pimiento y pepino y se evita que quede demasiado líquido, ya que
además se le ponen por encima trocitos de jamón y de huevo cocido. Si se desea se vierte por encima
un chorrito de aceite de oliva virgen extra cordobés. En otros lugares de la provincia de Córdoba,
a este salmorejo se le añade un poco de hierbabuena y se aúna con caza o con chuletas a la brasa.
Tanto el gazpacho como el salmorejo se extendieron desde Córdoba a toda Andalucía y al resto
de España, con la única variación, en algunos casos, de su nombre. Una derivación del gazpacho frío
son las cachorreñas, que se transforman en gazpacho caliente. Este gazpacho caliente es igual que
el frío, pero cambiando el tomate por pimientos de cornetilla. Una vez hecho este «gazpacho de
pimientos» se le añade agua fría, zumo de naranja agria y se calienta. Cuando rompe el hervor se
agrega pan tostado. Si las cachorreñas se hacen con pan frito se llaman carnerotes.
Otro santo y seña de la riqueza gastronómica cordobesa -y andaluza en general- es el aceite
de oliva y los campos de olivos que forman parte del paisaje desde tiempos inmemoriales. El aceite
de la Bética era valorado en extremo por los romanos y se lo llevaban a Roma en cántaros de barro.
Desde entonces hasta ahora han transcurrido muchos siglos, y el aceite de oliva español ha pasado
por buenos y malos momentos, pero su calidad y sus beneficios, no sólo culinarios sino también para
la salud, quedan fuera de toda duda. Es un ingrediente fundamental de la excelente y recomendable
dieta mediterránea.
Córdoba tiene reconocido el prestigio y la calidad de sus aceites por varias Denominaciones
de Origen, como la 0.0. Baena y la 0.0. Priego de Córdoba, que figuran inscritas en el registro de
la Unión Europea.
Aparte de estos aceites protegidos por 0.0. se elaboran excelentes aceites de oliva virgen
extra, aceites de autor, en los que se cuida al mínimo todos los detalles, incluida la presentación
y el etiquetaje. Las variedades de aceitunas más habituales para la elaboración del aceite son la
picual, la picuda, la hojiblanca, la arbequina y la manzanilla. Las aceitunas -como en toda
Andalucía- se aliñan con especias, ajo y otros condimentos. El olivo, las aceitunas y el aceite han
generado toda una cultura relacionada con la recogida de las olivas. Ya en los textos bíblicos hay
referencias a las situaciones que se producen en torno a estos frutos, que proporcionan una fuente
importante de trabajo y de ingresos. En Baena y Cabra hay dos museos del aceite que merece la pena
visitar.
El pastoreo ha generado una gastronomía tan típica como las migas serranas, el cochifrito de
cabrito y las calderetas de cordero. También directamente del campo son los espárragos preparados
en revuelto, las habas guisadas o las setas alegradas también en guisos. No hay que decir que todos
estos platos pastoriles saben mucho mejor si se hacen en el campo que si se elaboran en casa...
La caza se guisa con las clásicas fórmulas de escabeche y marinados. Córdoba tiene en el
valle de los Pedroches un lugar privilegiado para la cría de cerdos, con todos los productos
derivados del mismo (jamones, chorizos, lomos...). En los últimos años algunos de estos derivados
se han implantado en el mercado nacional como productos casi de lujo: presa, pluma, secreto. Un
aperitivo con productos del cerdo de este valle, pan y una cerveza fría constituye un momento
inolvidable.
El chuletón de vacuno de los Pedroches ha sido muy alabado últimamente por su alta calidad.
En los Pedroches también se crian ovejas. La tradición taurina se traduce en la mesa en los guisos
de rabo de toro, un clásico de la gastronomía cordobesa. El pastelón cordobés, que se elabora en
más de una confitería cordobesa, es exquisito.
El pescado frito es otro de los platos típicos, y como clara herencia árabe, ricos dulces
como los panetillos de cortijo de Luque, los alfajores de Montilla, los pasteles de cidra de
Córdoba y otros como las merengas de café de Aguilar de la Frontera. También se cocinan las
tradicionales frutas de sartén españolas, en forma de hojuelas, flores y pestiños, que se pueden
bañar con miel de Cañete de las Torres. Otro postre exquisito es el dulce de membrillo de Puente
Genil que se puede acompañar con algún rico queso de oveja cordobés.
Numerosos bares ofrecen tapas que invitan a pasear por la calles de la ciudad a la vez que se
reponen fuerzas. Además, los restaurantes cordobeses elaboran una cocina puesta la día, pero, eso
sí, sin dar la espalda a los productos de la tierra, al clima ni a las gentes que acuden a sus
mesas; tanto si son cordobeses como si no lo son. Indudablemente la mayoría de los restaurantes son
conscientes de la filosofía que tiene que envolver a un restaurante situado en Córdoba.
Para terminar este rápido viaje por la gastronomía cordobesa no hay que olvidar sus vinos,
que están amparados y protegidos por la 0.0. Montilla-Moriles, cuyo Consejo Regulador está en
Montilla.
Definitivamente Córdoba es una provincia que además de sus atractivos culinarios, encierra en
sus pueblos y en su capital una herencia del pasado de la que han sabido aprovechar lo mejor y que
merece la pena conocer y disfrutar.
Salmorejo en copa con remojón
Ingredientes:
Salmorejo
. 1/2 kg. de tomates
. 750 g. de miga de pan
. 2 dientes de ajo
. 200 mI. de aceite de oliva virgen extra cordobés
. 3 cucharadas vinagre de jerez
. 2 huevos cocidos
. jamón serrano
. sal
Remojón
. 250 g. de bacalao
. 1/2 cebolleta
. aceite de oliva virgen extra cordobés
. 2 cucharadas zumo de naranja
. una pizca de pimentón dulce
. pimienta negra
. 4 aceitunas verdes
. sal
Elaboración:
Salmorejo
Remojar en agua fría la miga de pan.
Hacer un corte en los tomates en forma de cruz. Escaldarlos y pelarlos. Dejar enfriar.
Escurrir bien la miga de pan para que suelte todo el agua.
Triturar la miga y los tomates junto con los dientes de ajo pelados, la sal, el aceite y el
vinagre. Conseguir una mezcla homogénea.
Tapar con papel film y conservar en el frigorífico.
Remojón
Limpiar y desmenuzar el bacalao desalado en tiras. Hacer a la plancha unos segundos, pintando
los trozos con un poquito de aceite.
Poner el bacalao en un recipiente de cristal y agregar la cebolla muy picadita, el pimentón,
dos cucharadas de aceite, dos vueltas de pimienta negra y el zumo de naranja. Mezclar bien.
Montaje:
En una copa poner salmorejo hasta la mitad y encima colocar huevo cocido y jamón muy
picadito. Encima poner remojón, escurrido de su aliño, y adornar con una aceituna.
Servir frío.
Tartar de rabo de toro a la cerveza y a los tres vinos
Ingredientes:
. Un rabo de toro
. 2 cebollas
. una zanahoria
. un diente de ajo
. un vaso de vino tinto
. 1/2 vaso de jerez seco
. 1/2 vaso de manzanilla
. un botellín de cerveza
Legado de Yuste
. 4 pimientas negras
. 2 clavos de olor
. harina
. aceite de oliva virgen extra
cordobés
. sal
Elaboración:
Mezclar los tres vinos en una cazuelita y agregar las pimientas negras machacadas y los
clavos de olor. Cocer a fuego medio y cuando rompa el hervor, contar tres minutos. Apagar el fuego
y dejar enfriar.
Poner los trozos de rabo en un recipiente amplio. Verter la mezcla fría de vinos y dejar
adobar una hora. Remover de vez en cuando.
Calentar 200 mI. de aceite en una cazuela. Sazonar con sallos trozos de rabo y pasarlos por
harina superficialmente. Dorar ligeramente los trozos de rabo. Reservar en una fuente.
En ese aceite sofreír la cebolla, la zanahoria y el ajo, todo muy picado. Sazonar con sal y
mantener a fuego muy suave y con la cazuela tapada. Remover con frecuencia para evitar que se queme
la cebolla.
Colocar encima los trozos de rabo. Verter los vinos, la cerveza y cubrir con agua.
Mover la cazuela unos segundos, taparla y dejar cocer a fuego medio hasta que el rabo esté
muy tierno.
Sacar los trozos de rabo a una fuente y pasar la salsa por el pasapurés. Dar un hervor suave
y rectificar el punto de sal.
Desmenuzar los trozos de rabo y reservar cuatro huesos.
Poner en el centro de cada plato un hueso y un aro de acero inoxidable. Rellenar el aro con
la carne del rabo apretando bien. Quitar el aro y repetir la operación.
Adornar con salsa muy caliente.
Flor con helado de aceite de oliva virgen extra y frutos
rojos
Ingredientes para cuatro personas:
. Hojuelas en forma de estrella
. 250 g. de frutos rojos variados (frambuesas, grosellas, fresas, moras...)
. 1 50 g. de azúcar
. 2 cucharadas de agua
Helado:
. 150 mI. de aceite de oliva virgen extra (muy afrutado)
. 100 mI. de nata líquida
. 2 huevos grandes
. 200 g. de azúcar
. 2 cucharadas de maizena . 400 mI. de leche
. sirope de caramelo
Elaboración:
Helado
Batir las yemas con el azúcar hasta hacer una crema blanquecina (las claras se congelan para
otros usos). Agregar la maicena, mezclar y verter la leche. Cocer la mezcla y hacer una natilla. A
los cinco minutos, verter el aceite poco a poco y remover hasta que se vaya mezclando bien.
Dejar enfriar y agregar la nata líquida montada. Mezclar bien y congelar en un recipiente
rígido y tapado. Sacar transcurrida una hora y media, batir con el brazo de la batidora (sin sacar
el helado del molde) y volver a congelar. A la hora se saca y se vuelve a batir. Repetir esta
operación de congelación y batido dos veces más. La última vez que se bata, añadir unas hebras de
sirope de caramelo y dejar en el congelador hasta cuando se vaya a utilizar.
Hacer un almíbar con el agua y el azúcar y cuando rompa el hervor dejar transcurrir al menos
siete minutos o hasta que quede a punto de hebra muy fuerte. En ese momento verter este almíbar
sobre los frutos rojos y dejar que cojan el dulzor del almíbar. Enfriar en el frigorífico.
Montaje:
En cada uno poner varias estrellas de masa de hojuelas, helado y dos cucharadas de frutos
rojos en almíbar.
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Aceite de oliva virgen y aceitunas
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