Fundación Cruzcampo

volver al inicio

Publicaciones .Blanco y Oro

COLECCIONISMO> La cerveza. Un mundo coleccionable

Texto:Julio Guzman Ortega

Fotografía:Germán Rodríguez-Sedano

Coleccionar es una pasión que desde los más remotos orígenes ha entusiasmado al ser humano ¿Locura? En todo caso una locura pacífica que produce una gran satisfacción al que la practica. El placer cervecero va mucho más allá de la refrescante caña o de la saludable botella

10/03/2008

Desde que el horno sapiens empezó a recoger colmillos de oso para cambiarlos por conchas hasta hoy, la costumbre, afición, pasión u obsesión por coleccionar siempre ha estado presente. Es algo innato y se relaciona con la necesidad de autoperpetuarse que todas las especies tienen. El caso es que en cualquier sociedad y en cualquier tiempo ha habido coleccionistas, valiosos auxiliares de historiadores, científicos e investigadores o aficionados colmados de satisfacciones y a veces maniáticos obsesivos por completar los huecos de su colección.

Ya en la prehistoria, el hombre de las cavernas coleccionaba los objetos de sus enemigos, casi siempre armas. En los mausoleos de los faraones egipcios se han encontrado colecciones de objetos de oro y piedras preciosas. En Mesopotamia, Arsubanipal coleccionaba obeliscos y Nabucodonosor, ornamentos de oro y piedras preciosas; y en Grecia, reyes como Eucumenes 11, rey de Pérgamo, trofeos de guerra.

Uno de los coleccionistas mas famosos de la antigüedad fue Carlomagno, que coleccionaba trofeos, camafeos, tesoros y obras de arte. Ya en periodos más recientes, grandes personajes tuvieron intensas pasiones de coleccionistas. Tal fue el interés de Cristina de Suecia que hasta llegaron a tildarla de cleptómana. Y personajes como Richelieu y Mazarino acumulaban obras de arte, joyas, cuadros, etc.

Curioso personaje fue Carlos Alejandro de Lorraine, quien en 1787 reunió una espléndida colección de conchas, moluscos, pájaros disecados, serpientes, peces, mariposas, tijeras y otros utensilios; y, asómbrense, ¡fetos! De los que hay hasta un catálogo.

Federico II de Prusia llegó a castigar severamente a quien tocara o Exposición de botellas, jarras, latas y sifones cerveceros (años 60). limpiase sus colecciones. Entre sus favoritas, destacaba una colección de cajitas de todas las épocas y tamaños. Catalina II también era una gran aficionada a guardarlo «casi todo».

A Leonardo da Vinci se le atribuye la frase «quien aprovecha lo que otros desperdician, consigue un tesoro que provoca la envidia». Y Napoleón, que tenía la manía de coleccionar y apropiarse de todos los objetos de pillaje de sus soldados, solía decir: «Coleccionar revela el amor a las cosas aunque sean de pequeño o de gran valor».

Arañas, mariposas, insectos, hierbas, conchas, minerales, fósiles, vestidos, muñecas, fueron objetos de colección en el siglo XIX. El compositor Antoine Clapisson llegó a exponer una colección de 27.000 botones, la Duquesa de Montpessier, bastones; y Agatha Christie, guantes. Incluso una importante dama española de la época colecciona ojos de cristal.

Otro coleccionista famoso, Abraham Lincoln, decía que el coleccionista posee dos cualidades: tesón y constancia. Ya en nuestros días, es famosa la colección de bonsáis de Felipe González o la de cabezas de toros de ]esulín de Ubrique, por citar algunas.

Pasión breweriana

En el mundo de la cerveza todo es coleccionable. Existen miles de adeptos, de adoradores y apasionados coleccionistas. Botellas, latas, etiquetas, tapones coronas, cristalería, publicidad, calendarios, abridores, llaveros, ceniceros, etc. Todo despierta un gran interés en los coleccionistas, quienes bajo el nombre genérico de breweriana, acaparan y buscan todo lo coleccionable que huela a cerveza.

El término breweriana proviene de la palabra inglesa brewery (fábrica de cerveza). Los coleccionistas de los Estados Unidos fueron los primeros en utilizar este término y a través de los años se ha ido expandiendo por todo el mundo. En la actualidad existen miles de aficionados a está temática del coleccionismo.

¿Que es lo que estimula a guardar cosas tan insólitas? Por un lado, la relación directa con ese líquido espumoso que llamamos cerveza. Por otro, la policromía de sus diseños que incita a guardar la variedad y a poseerla en su totalidad. Se pueden señalar dos aspectos. Cuando un coleccionista guarda una lata, por ejemplo, de ]ordania, cada vez que la mire le vendrá a la memoria, como a Proust, todo aquello que representó en su día recorrer ]ordania o tomarse una cerveza en el calor de Petra. Así, la cerveza hace de vínculo entre el pasado real y el presente onírico. En todo caso el coleccionista, y este es otro aspecto, adora el contenido, no el continente y hace un mundo de aquel aspecto exterior del que el creador se sirvió para lanzar una mejor imagen de sus productos o simplemente para servirse de él.
¿Por qué esta fascinante atracción por coleccionar objetos apa

Cartel de cervezas Gambrinus de Valladolid (años 20).

rente mente tan extraños? En la lata de cerveza la policromía, los diseños y la conexión con la historia de la cervecera grabada en la lata y que nos indica los diferentes pasos de su historia y sus procesos de elaboración, son como un libro abierto a la historia. Todo esto hace que un objeto, por otra parte tan frágil y perecedero, adquiera un doble valor. El de objeto único, irrepetible y valioso, y el de ser puente a un pasado de esa cervecera que el coleccionista trae al presente y preserva del olvido.

En cuanto a la lata de cerveza, lasbmás cotizadas son las llamadas cone top, en forma de botella y con tapón de rosca, y las flat top que se tenían que abrir con un punzón ya que carecían de anilla. Las primeras latas de acero y de tres piezas son las más buscadas en las convenciones que los coleccionistas celebran y donde alguna, como una «33» francesa para el mercado de Argelia, ha llegado a pagarse a 12.000 euros (dos millones de pesetas).

La enorme producción actual de latas y el aumento de países fabricantes, como los árabes, ha hecho que el coleccionista centre su interés en las latas antiguas, de acero y en los llamados sets o series temáticas. El récord Guinness está en cerca de 100.000 latas diferentes y perfectamente catalogadas.

La etiqueta es otro de los objetos de deseo del coleccionista. Su escaso volumen y mejor conservación, unido a la variedad de diseños y colorido, ha hecho posible esta atracción y que existan coleccionistas españoles como Enrique Solaesa, con más de 170.000, y Julián Caballero con más de 100.000 unidades de todos los países, con bellas muestras que traspasaron el umbral del olvido.

La botella también tiene sus adeptos. Las más buscadas son las primitivas, en relieve y posteriormente las serigrafiadas. Han sobrevivido al pasado y representan una página de vital importancia para interpretar tantos 'porqués' que hoy se preguntan las cerveceras cuando tratan de reconstruir su pasado o rememorar tiempos mejores.

El coleccionismo de cristalería es uno de los más comunes actualmente, y disfruta de un auge importante que ha llevado a la elaboración de un catálogo de cristalería española. También abundan los coleccionistas de tapones corona (chapas), algunos de los cuales superan los 150 euros.

Debido a la amplitud del coleccionismo cervecero, algunas personas han preferido llevar su afición a una sola marca o bien a cerveceras de una única ciudad. Dentro del coleccionismo de marcas, los más extendidos son los Heineken y Guinness, cuyos productos son codiciados por los cerveceros y por los que no lo son. La importancia de estas marcas ha llevado a que la casa londinense de subastas Christie's realizase una venta exclusiva de productos Guinness.

Otra pasión brewerÍana es la publicidad. Quizás una de las más interesantes ya que une a su valor histórico y estético el social. En efecto, un análisis detallado de la publicidad de una empresa a través de los tiempos nos responde a esos «porqués». Así nos sorprendería ver como esa cerveza tan vituperada ahora por algunos, pese a su pequeña graduación alcohólica, no siempre ha sido vista así, sino que se ha aconsejado a las madres lactante s como productora de buena leche. Incluso hay anuncios en los que un niño desayuna un buen vaso de cerveza, nutritiva y refrescante. Otras cervezas se anuncian a una élite que puede pagarse ese «lujo».

A lo largo de su historia cada cervecera ha dirigido una publicidad concreta en un momento concreto y a un consumidor concreto. Esta unidad o esta diversidad, el coleccionista la ha guardado y puesto al servicio de las cerveceras que hoy quieren reconstruir su pasado.

Llaveros, abridores, tapones corona y sobre todo la cristalería, forman parte del legado cervecero conservado por los coleccionistas. Por estas colecciones se puede llegar a tener una visión clara del pasado de marcas que no tuvieron el enfoque histórico de conservarlas para formar su propia historia.

Un reto para el futuro

Preservar y apreciar todo objeto no es un signo de codicia o de apego al valor pecuniario que representan, sino más bien un toque de respeto para lo que ha sido usado y que forma parte de la historia de nuestra propia vida y de la de otros seres humanos que nos precedieron. Es en esta línea como debe juzgarse la actitud del coleccionista: como un amor a la posesión y, a través de ésta, un amor por la vida.

Bastantes psiquiatras entienden el coleccionismo como una terapia ideal para muchas neurosis, por cuanto contribuye a mantener un equilibrio psicológico. La práctica del coleccionismo también ofrece ventajas instructivas e incluso sociales. Se generan intereses comunes con los amigos y surgen nuevas amistades entre los coleccionistas. El objeto de colección provoca conversaciones fascinantes y potencia la seguridad de los coleccionistas, tanto de forma individual como colectiva, al sentirse miembros de un mismo grupo.

Yo mismo, como profesor, inculqué en mis alumnos este amor y utilicé mis latas como soporte didáctico para introducir nociones de Geografía, Historia, Naturaleza y otras materias. Como viajero curioso adobé mis experiencias con la búsqueda por glaciares y desiertos de aquella lata que, años antes, un bebedor de cerveza arrojó.

El coleccionista desarrolla un estructuralismo en su vida, donde como en su colección, cada elemento está supeditado a otro y pertenece a un sistema. Así, pasa de ser un hobby a un remedio contra el aburrimiento de la vida moderna. El verdadero coleccionista no se contenta con adquirir las cosas que ama sino que su interés se extiende al creador de los objetos, su producción y uso. Y para lograrlo se impone sacrificios y es paciente.

Las cerveceras no deben menospreciar a los coleccionistas sino valorarlos como un elemento aglutinadar, no ya de su pasado con el presente, sino con las diferentes secciones de su empresa, desde publicidad a marketing y desde su archivo histórico a su distribución, y contar con ellos ya que son conocedores de su pasado y vitalizadores de su presente.

El coleccionismo cervecero se ha extendido mucho en España. El Club Español del Coleccionismo Cervecero (CELCE) [www.celce.org] cuenta con más de 600 socios y está patrocinado por Cerveceros de España. Se reúnen dos veces al año en los locales que las cerveceras ponen a su disposición para sus intercambios. Publican una revista y contribuyen a difundir una cultura cervecera de la que España sólo está surgiendo. De alguna forma los coleccionistas son preservadores de la memoria colectiva, rescatadores de pequeños tesoros que aportan trocitos de historia a las generaciones venideras.

Volver Atrás

Exposición de botellas, jarras, latas y sifones cerveceros (años 60) Exposición de botellas, jarras, latas y sifones cerveceros (años 60)
Grifo cervecero inglés (1875)  Copa de plata de cerveza Cruzcampo  Cartón (años 20) y diploma de Montepío (años 50), ambos de cervezas El guila 
  2007. Fundación Cruzcampo, Avda. Andalucía 1, Sevilla, Teléfonos 954 979 999 - 954 979 653